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LA DIÓCESIS VIVIÓ LA MISA CRISMAL

  • hace 15 horas
  • 3 Min. de lectura


En el día de ayer, Miércoles Santo, la Diócesis se reunió, en la Catedral Ntra. Señora de las Mercedes, para celebrar la Misa Crismal, presidida por nuestro obispo, Mons. Luis Eduardo González Cedrés, en una Eucaristía que expresó con fuerza la unidad del Pueblo de Dios y renovó el sentido de la misión en este tiempo santo.

Sacerdotes, diáconos, consagrados y fieles se congregaron como una sola Iglesia. Desde el inicio de su homilía, el obispo invitó a reconocer la profundidad de este encuentro:

“El Señor nos ha convocado un año más para celebrar esta Misa Crismal, fiesta del Espíritu que nos une, nos impulsa a continuar caminando juntos como peregrinos de esperanza.”

A lo largo de su mensaje, puso el acento en el valor del presente como tiempo de gracia, ese “hoy” en el que Dios actúa y renueva la vida de cada creyente y de toda la comunidad. En ese sentido, enfatizó que la fe no es algo del pasado ni una promesa lejana, sino una experiencia viva que se actualiza en cada celebración y en cada corazón abierto al Espíritu.

La Misa Crismal, en la que se bendicen los óleos y se consagra el crisma que acompañará la vida sacramental durante todo el año, fue presentada como un signo concreto de la misión compartida. No se trata de gestos aislados, sino de una Iglesia en salida, llamada a llevar la presencia de Cristo a cada rincón de la vida.

Con palabras cercanas, el obispo recordó que esta misión no pertenece a unos pocos, sino a todo el Pueblo de Dios:

“La unción de Cristo somos todos porque somos pueblo sacerdotal.”

Desde allí, propuso una imagen profundamente evocadora que invita a la vida concreta:

“Somos la fragancia de Cristo cuando lo que llevamos en el corazón, que es el perfume de su amor, lo logramos traducir en obras.”

Esa “fragancia” se hace visible —como expresó— en la caridad, en el perdón, en la misericordia, en el servicio silencioso, e incluso en el dolor acompañado por la presencia de Dios. Así, la fe deja de ser solo una idea para convertirse en vida entregada.

Asimismo, llamó a cuidar la vida comunitaria, reconociendo en cada hermano a un ungido por el Señor, y a no encerrar la fe, sino a compartirla con generosidad, especialmente con las nuevas generaciones. En este camino, destacó con esperanza el lugar de los jóvenes en la Iglesia y la necesidad de seguir acompañándolos:

“Hay muchos jóvenes y adolescentes por los que queremos seguir rezando para que descubran la vocación.”

La celebración también fue ocasión para dar gracias por el ministerio de los sacerdotes y diáconos, que renovaron su entrega, y por todas las comunidades que sostienen la vida de la Diócesis con fidelidad y compromiso.

Hacia el final, el obispo invitó a todos a renovar el propio “sí” a Dios, recordando que cada vocación nace y se sostiene en lo profundo del corazón, allí donde el Señor sigue llamando:

“Lo esencial de nuestro camino de fe… está en lo más escondido que llevamos en el corazón.”

En este tiempo de Semana Santa, la Diócesis vuelve a ponerse en camino, dejándose guiar por el Espíritu, para anunciar con alegría a Cristo muerto y resucitado.


Como comunidad, seguimos unidos en la oración por las vocaciones, por los diáconos, por los sacerdotes, por la vida consagrada y por nuestro obispo, para que el Señor siga encendiendo corazones y sosteniendo la misión de su Iglesia. Te invitamos a revivir la celebración completa de la Misa Crismal en el siguiente video:



 
 
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